En 30 años la medicina ha cambiado mucho. Recuerdo ver la serie ER, escrita por un médico (Michael Crichton) en los años 90, y cómo impactaba por su realismo y el dinamismo de los casos que acudían al servicio de urgencias del hospital de Chicago. Además de hacer muy popular a George Clooney, también introdujo al actor Noah Wyle (Dr. Carter) como residente en el servicio de urgencias. Al Dr. Carter le gustó tanto la urgencia que se quedó como adjunto.
Ahora, en The Pitt, Noah Wyle es adjunto en un hospital de Pittsburgh (papel por el que ha sido premiado en los Emmy) y su personaje es el Dr. Robby, que ha sufrido mucho durante la crisis del COVID y aún arrastra las cicatrices psicológicas de aquella situación, sin duda inimaginable cuando se rodó ER. El regreso de Noah Wyle al género médico con The Pitt (2025) no es solo un guiño a la nostalgia de ER (1994); es un espejo que refleja cómo ha cambiado la medicina en tres décadas. Mientras que el Dr. Carter representaba la promesa del aprendizaje, el Dr. “Robby” Robinavitch representa la resistencia en un sistema al borde del colapso.
La diferencia fundamental entre una serie y otra es que la primera se centraba en los casos que pasaban por el servicio de urgencias, mientras que The Pitt narra la actividad continua durante una guardia completa en el hospital. Esta última se centra más en el personal y en los problemas que enfrentan actualmente los médicos: lidiar con recursos limitados —especialmente de personal—, salas de espera atestadas, agresiones por parte de pacientes, el peso de la responsabilidad, decisiones que se toman en segundos y un estrés insoportable.
En ambas series se sigue utilizando el plano secuencia, aunque llevado al límite en la más reciente para mostrar la ansiedad técnica de una guardia de 24 horas, sacrificando el componente de melodrama romántico más presente en la primera.
La revisión de estas dos series nos invita a reflexionar sobre cómo ha cambiado el sistema —y nosotros con él— tras la pandemia y otros desafíos recientes.
1. La historia clínica electrónica. En ER, los médicos escribían en papel y portaban carpetas constantemente; en otros momentos estaban sentados en el despacho o incluso en el suelo rellenando formularios. En The Pitt, la historia clínica electrónica (EMR) es protagonista e incluso aparecen escribas médicos asistidos por inteligencia artificial para evitar tener que teclear, ya que las palabras del médico se transcriben automáticamente.

2. Los equipos portátiles de ultrasonido han cambiado la forma de trabajar. Hoy en día sería prácticamente negligente canalizar un acceso vascular sin guía ecográfica. El triaje de pacientes mediante protocolos como POCUS o FOCUS permite diagnosticar más rápido y clasificar mejor a los pacientes desde su llegada

3. Las analíticas “point of care” permiten obtener resultados de parámetros clave en minutos, en lugar de esperar horas al laboratorio. La disponibilidad rápida de biomarcadores cardiacos ha acelerado el diagnóstico e impulsado protocolos mucho más ágiles para el dolor torácico.

4. La desaparición del negatoscopio. También han desaparecido los negatoscopios y las radiografías colgadas en las paredes, sustituidos por la imagen digital. Ahora, cuando existen, suelen estar relegados o utilizados para colgar papeles o recordatorios.

5. Reanimación cardiopulmonar (RCP). El LUCAS 3, que aparece en el episodio 7 (T1) de The Pitt, es un ejemplo de innovación en la atención de la parada cardiaca, al evitar el agotamiento físico que supone el masaje manual. El ECMO-CPR (https://www.youtube.com/shorts/xiKuefb1eHY?feature=share) también aparece como una realidad en la reanimación cardiopulmonar.

Seguro que se te ocurren muchos otros cambios tecnológicos, como el acceso a la información médica. Del Index Medicus pasamos a PubMed (primero en CD, luego en DVD y finalmente a través de la web). Después, UpToDate comenzó a sustituir a los tratados médicos, que no podían actualizarse con la misma rapidez, y ahora nos encontramos en la era de la inteligencia artificial, con herramientas como OpenEvidence.

No obstante, el aspecto tecnológico enmascara otro cambio más profundo en la profesión. Quizás siempre ha sido así, y solo sea cuestión del tiempo que transcurre entre un joven Carter, ilusionado con la práctica de la medicina —tanto que decide quedarse en urgencias—, y un Robby más maduro, de vuelta de muchas experiencias (pandemia mediante), en un entorno que no se ha preocupado por mejorar la situación del personal. Tal vez ahí es donde debería centrarse la verdadera innovación, porque de lo contrario cada vez habrá menos médicos ilusionados como Carter dispuestos a dedicarse a este maravilloso trabajo.